La Librería de la Nostalgia
En la calle 50, de la ciudad de La Plata, está la librería del Profesor Pizarro, allí los últimos nacionalistas de este rincón de la patria se reúnen a compartir las opiniones que todos conocen. En una de esas reuniones del húmedo invierno, en las primeras horas de la noche, entró un hombrecito, viejo, de oscuro traje y sombrero. Impuso, como pocos pueden hacerlo, un cálido silencio.
Entre los presentes estaban el dueño de casa; Santiago Chávez, director de la revista “Gatoscuro”; el ex-coronel Argüelles; el coleccionista Alvarez Irrazábal; el doctor Sánchez de Bustamante, abogado; el escritor Mario Maldonado y este periodista venido a narrador. Pizarro se adelantó unos pasos y preguntó al hombrecito si deseaba ver algún libro. Sacándose el sombrero y dejando ver sus ojos claros, el tipo se presentó bajo el nombre de Rosario del Solar : Recaudador de Impuestos.
En realidad el fulano no tenía pinta de sabueso de la DGI , ni era horario para pedir libros de caja o balances; pero para sorpresa de todos Rosario del Solar no trabajaba para el gobierno, sino que su labor era cobrar impuesto a la Nostalgia. Aquí conviene aclarar que en su voz se respiraba un meloso ritmo tanguero.
Chávez propuso “rajar a patadas al descerebrado” al tiempo que Argüelles desenfundaba su cuchillo verijero. Detuvimos el intento de paliza y propuse escuchar con atención, ya que inmediatamente comprendí el porqué de mi presencia en ese lugar. –“Ustedes saben, mejor que nadie, que esta sociedad destruye la idea de Nostalgia y el desuso lleva a su difícil, casi imposible, mantenimiento” - dijo Rosario del Solar. El Recaudador explicó que no se cobraba con dinero, sino con melancolías, añoranzas, recuerdos, evocaciones o tristezas; la idea era desprenderse de alguna cuestión nostálgica para que otro mortal, sin esa experiencia, pudiera gozarla. El doctor Sánchez de Bustamante intentó un ardid leguleyo interpelando al recaudador sobre los fundamentos legales de tal impuesto. Rosario del Solar aclaró que el impuesto no es obligatorio ya que no existen los debidos controles - al fin y al cabo estamos en Argentina- y puntualizó: “Si ustedes que tienen Nostalgia no la comparten con quienes no la tienen, (para eso se cobran impuestos) la Nostalgia se perderá y sus hijos o nietos no la conocerán. Mirarán todo el día televisión, sin noticias del circo criollo, comprarán pasajes a Disney y nunca recorrerán la calle Nueva York de Berisso, comerán hamburguesas sin alternar un picado grueso del campo, usarán remeras nike jamás un pañuelito al cuello, relojes digitales, computadoras, celulares, compacs y ¡venerarán tótems de tarjetas de crédito! ...” -El silencio dejó de ser cálido. Casi en voz baja terminó diciendo : “La sociedad apunta al presente permanente. El Pasado no importa : fue, y el Futuro no afecta: no existe. En esos dos tiempos ausentes vive la Nostalgia.”
Todos pagamos. El precio nos pareció bajo. Entre algunas cosas que ahora no puedo recordar, Pizarro ofreció su disco de bagualas, una botella de vino de la costa y aquella pasión encendida; Chávez una imaginaria entrevista a Mariano Moreno , el sabor de la derrota y un deseo a concretar, Maldonado un poema al Polaco, una traducción del Salmo 42 versículo 5 y el silencio siestero de Lobería; Irrazábal su bolsa con bolitas, un boleto de tranvía y una esperanza apagada; Argüelles el cuchillo verijero, la anécdota de la piba de Magdalena y una duda incesante; Sánchez de Bustamante un grito de gol, su chamuyo levantador de joven y un beso robado; yo la promesa de divulgar esta reunión , algún secreto olvidado y un recuerdo persistente.
Hace poco volví a cruzarme con Rosario del Solar, lo vi entrando al Pasaje Dardo Rocha..
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